La cúpula de la iglesia Católica en Venezuela, representada en la Conferencia Episcopal, para asombro de todos, no acata los lineamientos, llamadose instrucciones emanados de la máxima autoridad católica en el mundo, como lo es el Papa Francisco, en cuanto a la celebración y apoyo de un diálogo franco, abierto, sin condiciones, entre el gobierno nacional y la oposición. Al contrario, de forma visceral ha arremetido contra toda acción que guarde relación con el diálogo, parcializándose de forma grosera con la dirigencia más radical y violenta de la oposición, sin valorar, ni respetar, la voluntad de la inmensa mayoría de los venezolanos, que pide, exige, que se imponga la paz en Venezuela.

La jerarquía de la Iglesia Católica en Venezuela, a través de sus voceros, mantienen una posición hostil, de enfrentamiento, cuando lo correcto y pertinente sería contar con su participación directa para la pacificación y ser un agente de unión entre los venezolanos.

Esta jerarquía eclesiástica desprecia a la base militante del chavismo, que adicionalmente esmayoritariamente católica, cegada por un odio que viene desde la llegada al poder de Hugo Chávez, no perdonándole a él, ni a Nicolás Maduro sus orígenes humildes y sus políticas sociales de inclusión. 

Para nadie es un secreto, que la mayoría de los miembros de la Conferencia Episcopal no conocen, ni mucho menos practican la humildad, manteniendo actitudes pecadoras como el de odiar, ejercer la soberbia, entre otras. 

Muchos han sido los ciudadanos, que por esa actitud mezquina e irracional de la cúpula de la Iglesia Católica, han dejado de asistir a las iglesias e incluso desencantados han tomando camino hacia otras religiones. Han llegado al extremo de utilizar las misas para entregar panfletos y dar discursos contra el gobierno y sus seguidores, cargados de odio, sin valorar las consecuencias que esto causa en la sociedad. Están convertidos en promotores de la división, rabia, desconfianza y descalificación entre hermanos de un mismo País.

Estos personajes de la Conferencia Episcopal y de la jerarquía eclesiástica, rechazan todo lo que signifique pueblo, jamás participan en actividades en barrios o zonas rurales, no aportan ideas para la elaboración de políticas contra la violencia, sino que ellos mismos se encargan de generarla, andan en sus carros lujosos con aire acondicionado y vidrios oscuros, desconociendo con propósitos tenebrosos la realidad de nuestro País. 

Cada vez pierden mayor credibilidad, han quedado para moverse entre elites, ya sea esta de la oposición más de derecha y violenta o de los factores económicos representados por la más rancia oligarquía de Venezuela. 

Definitivamente y de forma penosa podemos afirmar, que nuestra Patria no cuenta con una actitud cristiana y de amor por parte de estos personajes del cogollo de la Iglesia Católica, con un discurso destructivo y de siembra de rencores y venganzas.

Ojalá que algún día reflexionen, se pongan la mano en sus corazones, acaten los mandatos del Papa Francisco y oigan la voz del pueblo, que definitivamente para nosotros los creyentes, es la voz de Dios.