Hasta ahora han sido los propios órganos directivos de las formaciones políticas las que han ocultado este tipo de incidentes

Ya no queda más remedio que erradicar el problema. Después de que se levantase la porquería que había bajo las alfombras de Westminster, todos los partidos políticos han decidido hacer frente a la situación y han mostrado su unidad para luchar contra los generalizados casos de acoso sexual que, por lo que parece, se vienen dando desde hace años en el Parlamento británico.

Por eso Theresa May se reunía con los diferentes líderes de la oposición, entre ellos el laborista y su mayor rival Jeremy Corbyn, para consensuar un nuevo código de conducta con el que se ponga fin a esta lacra. Se trata de un «mecanismo independiente de agravios», así lo han llamado desde el Gobierno, que dotará de más seguridad y amparo, presumiblemente, a las víctimas de estos abusos. A parte de ese nuevo sistema se implantará a partir del año que viene, como han acordado todos los dirigentes políticos, un sistema de recursos humanos donde denunciar «cara a cara» estos incidentes y que sustituirá a la línea telefónica que se habilitaba para denunciar como se hacía hasta ahora.

Y es que se teme que ningún partido político se libre de haber tenido algún suceso como este en el pasado. Desde la «lista negra» de diputados conservadores, más de 40, a los casos que se investigan ya de varios laboristas, pasando también por algunos parlamentarios del Partido Nacionalista Escocés suspendidos por hechos como estos.

Esto es lo que por ahora se conoce. Si nos atenemos a las palabras de varias diputadas que han alzado la voz en los últimos días, este tipo de prácticas de vienen dando desde hace mucho tiempo en el «Parlamento más respetado del mundo». Con una impunidad hasta ahora insospechada según la laborista Tulip Siddiq «si esto se termina investigando en profundidad, creo que estaríamos ante centenares de casos de este tipo».

En la misma línea se mostraba la número dos del partido de Jeremy Corbyn, Diane Abbot «La cultura permisiva que existe es incluso peor que hace treinta años» que apunta claramente a los motivos: «la mayoría masculina, las largas horas, el consumo de alcohol y la cultura de lo que pasa en Westminster se queda en Westminster».

Una frase que resume perfectamente lo que pasa en esos inmensos y laberínticos pasillos. Y es que el Parlamento es una ciudad en miniatura que cuenta, por ejemplo, con su propia oficina de correos, peluquería, gimnasio, o, como no, varios restaurantes y bares. Esto hace que muchos de los trabajadores alarguen su jornada laboral hasta altas horas de la noche.

Lo que muchos no se atreven a reconocer por ahora es que han sido los propios órganos directivos de los partidos políticos los que han ocultado este tipo de incidentes. Entre la dificultad para denunciar estos hechos, para probarlos y la pasividad que han demostrado todas las formaciones de Gobierno en estos últimos años se ha formado un escándalo que, por ahora, se ha cobrado su primera víctima política, el exministro de Defensa, Michael Fallon. Lo que muchos apuestan por aquí es quien será el próximo. La mayoría de papeletas se las lleva el secretario de estado y «mano derecha» de Theresa May, Damian Green.