La semana pasada me tocó ir al SAIME a buscar los pasaportes de mis hijos; en la Plaza Miranda me encontré con Manuela Patriota; me saludó calurosamente, con ese amor revolucionario que sólo lo encontramos en nuestra gente sincera del pueblo.


No la veía desde aquel glorioso mitin de octubre de 2012, marcado en la historia como el último de nuestro Comandante Eterno. Le pregunté que qué estaba haciendo y me dijo: “echándole … en el Palacio de Justicia”; le dije cuéntame, ¿es cierto todo lo malo que se dice de allá?. Empezó a contarme y, al sentir la fuerza de sus palabras, le pedí que me permitiera tomar notas y transcribo a ustedes LOCIERTO de esta conversación:


“En estos tiempos de guerra, de critica absoluta, de ataques innumerables e infundados hacia todo lo que huela a gobierno, debemos hacer una pausa ante el Poder Judicial, específicamente en la jurisdicción penal.


Si, seguramente usted pensara: Poder Judicial? Eso no sirve, es un nido de corrupción, esos jueces no saben de derecho, carecen de instrucción. Uno de los graves problemas que tiene el Poder Judicial es que no tiene quien publicite su gran labor, llevada a cabo día a día. Nuestro Poder Judicial es piedra y base fundamental de nuestro país, si bien es cierto tiene debilidades, debilidades graves, como lo es un salario mísero para la responsabilidad y cúmulo de trabajo que conlleva cada cargo, sea cual sea el operador de justicia.


¿Beneficios? Casi inexistentes. No poseen un servicio de salud y atención sanitaria digno de un funcionario público, digno de alguien que entrega su vida al País. Estado de las sedes? Pésimo, en ocasiones terrible. Materiales? Se hacen milagros para obtenerlos y poder tener los tribunales abiertos y funcionando. A pesar de este escenario dantesco, cada individuo que se precie de ser un servidor público lucha cada jornada por hacerlo bien, lucha contra la corrupción (corrupción tristemente galopante en nuestro sistema), lucha por la correcta administración de justicia, luchar porque el justiciable tenga un digno acceso a la justicia.”


Pero ahí viene el p…, la corrupción! La manzana podrida que está en muchos poderes y, aquí no se salvan, los jueces con las viejas tácticas, que se escudan o encompinchan con policías, con fiscales sin escrúpulos, con alguaciles, hasta con los choferes que manejan los autobuses en los que trasladan a los presos.
No está fácil!, el capitalismo salvaje y el consumismo han hecho de las suyas y, como dije antes, los malos sueldos y las condiciones de trabajo te hacen flaquear!


Y la quinta columna, los talibanes como decía Rubén Blades, para ellos en vez de un Sol, amanece un Dólar!. Talibanes de derecha y de izquierda, los extremos siempre han sido malos y, algunos, no tienen paz con la miseria.


Pero hemos mejorado mucho y no podemos fallar, es necesario vencer!!


Me tengo que ir, estoy haciéndole una suplencia a un “reposero”, en otro momento les echo otro cuentico.


Toda esa conversación me hizo recordar a muchos que han escrito sobre el tema. Anatole France, el laureado escritor francés, en su novela: Los Dioses tienen sed, nos presenta un planteamiento, que a nosotros nos parece moral y de justicia, cuando en el capítulo X111, nos dice:
"El Tribunal revolucionario hacía triunfar la igualdad al mostrarse igualmente severo con los mozos de cuerda y las sirvientas que con los aristócratas o los financieros. A Gamelin no le cabía en la cabeza que pudiese ser de otro modo bajo un régimen popular. Hubiese considerado insolente, insultante para el pueblo, hacer excepciones.”


También podríamos aludir a Víctor Hugo. En su novela Los Miserables el obispo Bienvenu, dice algo que siglos después siempre mencionaba nuestro Comandante Eterno y que, de alguna manera, también nuestro Padre Bolívar decía: "-A los ignorantes, enseñadles cuanto podáis; la sociedad es culpable, por no darle instrucción gratis; ella es responsable de la oscuridad que produce. Si un alma sumida en sombra comete un pecado, el culpable no es el que peca, sino el que no disipa las tinieblas..."


Lo CIERTOES que nosotros llevamos diecisiete años venciendo las tinieblas, y no volverán!.


José Vicente Rangel Seijo